viernes, 7 de enero de 2011

Mi Garabato Mental


Me desperté de mediodía, la cara hinchada, los ojos como dos pelotas y la angustia dentro de mi cuerpo revelaban que mi siento no había sido reparador de nada sino que me había dejado mas cansada que antes de irme a dormir. Me levanté fui al baño hice lo de siempre sin intentar siquiera arreglarme el matete de pelo que tengo encima y miré hacia la PC. El sueño aún estaba fresco en mi cabeza y los acontecimientos de la noche anterior aún me secaban la garganta, me hacían mal y lastimaban en forma de puntadas mi corazón. Salí al patio, ese que nunca conté que tenía pasando por una puerta corrediza de la habitación, me senté en el piso, estaba limpio. Las flores no largaban ningún aroma. Primera vez en un tiempo que me encendía un cigarrillo. Lo fumé hasta la mitad, asqueada lo tiré, el hábito de fumar ya casi había desaparecido por completo de mi sistema. Cada vez que exhalaba el humo me quedaba mirándolo. De fondo, la música que me estaba destruyendo el alma se repetía una y otra vez. Yo perdida en mi mente con lágrimas en la cara, con un lucky en la mano derecha y un par de hojas secas en la mano izquierda moría lentamente, consumida por dentro. El sol daba en la mayor parte del patio, pero me puse contra la pared y solo las piernas sentían su ardor, un ardor similar al que llevaba yo adentro. Volví a la habitación a seguirme torturando lentamente con la música, la ventana levantada me daba un panorama de toda la esquina, el árbol se movía por el viento y el cielo ya estaba empezándose a nublar. Tal vez faltaba cada vez menos para que el clima se pusiera a la par de mi interior.

Entre las ventanas abiertas por el calor, el ruido de los autos y el sonido de las puertas abriéndose y cerrándose estaba yo, muerta en vida, desgarrada, desanimada, intentando revivirme sin mucho éxito. Dos de la tarde, primer intento. Fallido. Dos y media. Charla liberadora con amigos. Fallido. Tres de la tarde. El monitor LG me llamaba junto con el teclado. Primeras señales de vida. Tipeo discontinuo. Reanimación en progreso. Ventana naranja titilando. Reanimación casi completa. Ventana de usuario conectado. Muerte definitiva.  Declaré mi muerte a las tres y media de la tarde de un día de semana con treinta y tres grados de calor, o sensación térmica. Motivo de la muerte: Exceso de dolor, paro Cardio-sentimental y exceso de llanto. La autopsia dio por resultado un corazón desgarrado, un alma muerta y carencia de sentimientos. Me había limitado a vivir en estado vegetativo y a este vegetal le había llegado la hora. Sin mucho más que decir había cumplido el ciclo de vida de cualquier persona insignificante y poco útil, hasta incluso una cucaracha hubiera tenido cinco minutos más.

Miré al monitor, no había ventanas naranjas, el celular mudo, ni un mail ni una publicación, ni un posteo. Solo yo muriendo tras una computadora. Tras un Libro. Tras aquello que no podía borrar, que no podía perdonar, que no sabía como, por más que hubiese querido no lo sabia, y ahí estaba de vuelta: El dolor. Dolor. Llanto. Dolor. Crecí durante tanto tiempo con el dolor que ya me parecía algo extraño no tenerlo. Desapareció en su momento y la vuelta me había echo recordar lo mal que se sentía.

A 300 kilómetros alguien sufría o me odiaba. De este lado yo lloraba. Allá lejos alguien tenía que comenzar una nueva vida, un nuevo amor, una nueva forma de ser feliz. Acá solo había esperanzas para que la muerte viniera rápido. Se podría de decir que estaba oficialmente muerta en el plano sentimental. Maté todo y sin ánimos de continuar buscando a alguien en pareja me disponía a seguir sola por la vida. Sola y sabiendo que había dejado atrás la felicidad. Sola y pensando en el dolor que había causado. Sola y extrañando. Sola.

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