miércoles, 28 de septiembre de 2011

Analízame

Analízame porque yo en verdad no puedo ni se hacerlo. Analízame porque siento que me estoyo consumiendo por dentro. Sola, sin ayuda de nada ni de nadie. ¿Será tan obvio que estoy perdida? ¿Será tan obvio que me volví loca y deprimida? Tal vez no sea la chica que muchos creen que soy.  Llevo días intentando entenderme entre el calor, el frío de la noche la angustia y el ahogo de una habitación. Anoche, por ejemplo, soñ´que era un demonio, o que tenía adentro un demonio. Puede que esos sueños sean los peores, pero cuando me levante no me sentí ni agotada, ni agitada sino con la sensación de que lo que había soñado era exactamente lo que me estaba pasando. Genial. Cuando suena el teléfono, y todo lo que escuchas del otro lado es la vozde tu padre queriendo hablar sobre tu vida, la verdad no me causa gracia, pero no me queda mas que hacer que en los próximos días discutir con él. No me agrada nada de nada lo que me está pasando, lo que estoy viviendo, lo que soy. A veces, como ahora, escuchando música sueño con otra vida, otras personas rodeandome y, cuando por fin me doy cuenta, caigo en la realidad: tengo 24 años, dejé pasar lo mejor de mi en estupideces, en idioteces que no me dieron ninguna satisfacción y, ahora que lo veo, no siento que este haciendo algo pra cambiarlo. Tampoco es que me interese mucho cambiar el pasado, pero tal vez sí aprovechar el rpesente y disfrutar en el futuro. La verdad es que en el estado en que estoy esas cosas son imposibles. Espero que en este tipo de "reflexión" encuentre algo nuevo para mi, o que me ayude a dar un paso mas en mi vida, o, que caiga la ayuda por otro lado, la verdad lo agradecería a quienquiera que me mande solamente una soga para salir del pozo.

viernes, 7 de enero de 2011

Mi Garabato Mental


Me desperté de mediodía, la cara hinchada, los ojos como dos pelotas y la angustia dentro de mi cuerpo revelaban que mi siento no había sido reparador de nada sino que me había dejado mas cansada que antes de irme a dormir. Me levanté fui al baño hice lo de siempre sin intentar siquiera arreglarme el matete de pelo que tengo encima y miré hacia la PC. El sueño aún estaba fresco en mi cabeza y los acontecimientos de la noche anterior aún me secaban la garganta, me hacían mal y lastimaban en forma de puntadas mi corazón. Salí al patio, ese que nunca conté que tenía pasando por una puerta corrediza de la habitación, me senté en el piso, estaba limpio. Las flores no largaban ningún aroma. Primera vez en un tiempo que me encendía un cigarrillo. Lo fumé hasta la mitad, asqueada lo tiré, el hábito de fumar ya casi había desaparecido por completo de mi sistema. Cada vez que exhalaba el humo me quedaba mirándolo. De fondo, la música que me estaba destruyendo el alma se repetía una y otra vez. Yo perdida en mi mente con lágrimas en la cara, con un lucky en la mano derecha y un par de hojas secas en la mano izquierda moría lentamente, consumida por dentro. El sol daba en la mayor parte del patio, pero me puse contra la pared y solo las piernas sentían su ardor, un ardor similar al que llevaba yo adentro. Volví a la habitación a seguirme torturando lentamente con la música, la ventana levantada me daba un panorama de toda la esquina, el árbol se movía por el viento y el cielo ya estaba empezándose a nublar. Tal vez faltaba cada vez menos para que el clima se pusiera a la par de mi interior.

Entre las ventanas abiertas por el calor, el ruido de los autos y el sonido de las puertas abriéndose y cerrándose estaba yo, muerta en vida, desgarrada, desanimada, intentando revivirme sin mucho éxito. Dos de la tarde, primer intento. Fallido. Dos y media. Charla liberadora con amigos. Fallido. Tres de la tarde. El monitor LG me llamaba junto con el teclado. Primeras señales de vida. Tipeo discontinuo. Reanimación en progreso. Ventana naranja titilando. Reanimación casi completa. Ventana de usuario conectado. Muerte definitiva.  Declaré mi muerte a las tres y media de la tarde de un día de semana con treinta y tres grados de calor, o sensación térmica. Motivo de la muerte: Exceso de dolor, paro Cardio-sentimental y exceso de llanto. La autopsia dio por resultado un corazón desgarrado, un alma muerta y carencia de sentimientos. Me había limitado a vivir en estado vegetativo y a este vegetal le había llegado la hora. Sin mucho más que decir había cumplido el ciclo de vida de cualquier persona insignificante y poco útil, hasta incluso una cucaracha hubiera tenido cinco minutos más.

Miré al monitor, no había ventanas naranjas, el celular mudo, ni un mail ni una publicación, ni un posteo. Solo yo muriendo tras una computadora. Tras un Libro. Tras aquello que no podía borrar, que no podía perdonar, que no sabía como, por más que hubiese querido no lo sabia, y ahí estaba de vuelta: El dolor. Dolor. Llanto. Dolor. Crecí durante tanto tiempo con el dolor que ya me parecía algo extraño no tenerlo. Desapareció en su momento y la vuelta me había echo recordar lo mal que se sentía.

A 300 kilómetros alguien sufría o me odiaba. De este lado yo lloraba. Allá lejos alguien tenía que comenzar una nueva vida, un nuevo amor, una nueva forma de ser feliz. Acá solo había esperanzas para que la muerte viniera rápido. Se podría de decir que estaba oficialmente muerta en el plano sentimental. Maté todo y sin ánimos de continuar buscando a alguien en pareja me disponía a seguir sola por la vida. Sola y sabiendo que había dejado atrás la felicidad. Sola y pensando en el dolor que había causado. Sola y extrañando. Sola.

jueves, 6 de enero de 2011

Ese Garabato Mental


Después de un día sin mucho que hacer, bastante sola y aburrida, esperando algo que sabía que en realidad no pasaría hasta más entrada en la noche, me resigne a seguir adelante conmigo. Lo que esperaba efectivamente paso a las nueve de la noche aproximadamente y estuvo tranquilo. De golpe la ventanita del Skype se puso naranja indicando que alguien me hablaba, no estaba sola, había alguien dentro del mundo cibernético que se había acordado de mi existencia. La abrí sin dudar mucho para encontrarme con él. Situación extraña, más que extraña. No dijimos mucho, no nos quisimos demasiado, simplemente nos limitamos a decirnos lo necesario para continuar con el resto del día (o la noche). Lamentablemente no estaba en mis planes que personas arruinaran el poco tiempo que tenia para estar satisfecha dentro de la red; siempre hay alguien que te arruina el único minuto de felicidad que parece asomar luego de varias horas, siempre se encuentran a personas dispuestas a destruir tu felicidad para conseguir la suya.

Terminé peleada con él con el resto y sola de nuevo en el mundo cibernético, sola por decisión propia, sola y con la ventanita del la PC titilando en naranja. Sola. Parece ser la palabra clave en mi vida últimamente. Sola y llena de rabia sobre la cama, tirando un libro sobre una silla, sin ganas de leer, poniendo el sleep de la tele y casi ahogándome con la almohada para dormirme rápido y despertar al día siguiente con un ánimo mejor. Definitivamente mis planes estarían arruinados desde el momento en que el celular sonó. No una sino dos veces, lo apague, y me dormí, me levanté al rato medio dormida y lo encendí, me dormí y levanté varias veces pendiente de millones de cosas distintas. Me despertó el ruido de la casa (cuando no) y enseguida tuve trabajo para hacer: sacar el árbol de navidad, ordenarlo, guardarlo (recibí dos gatitos de madera de regalo por reyes, hermosos, me encantan y están sobre la tele), todo lo que hice me despejó la mente pero me sentía enferma y eso se lo trasladé a mi cuerpo. No almorcé y me limité a un té con leche (como esas mujeres finas de la alta sociedad inglesa y que a su vez están arrugadas por la vejez). Un té. Varios significados. Té. Adultez. Té. Vejez. Té. Así se cruzó por mi cabeza todo ese matete de no se qué pero que estaba ahí mientras yo tomaba mi té sentada delante de la PC, escuchando como mi prima postiza (porque es la hija de mi fallecido tío pero no de mi tía, quien es la hermana de mi padre…. Cuanto lío), que esta medio loca, hablaba sola y le gritaba a quien sabe Dios quien sabe que cosas; yo con la música alta ( y cada vez mas en aumento) para no escucharla, para no escuchar mi cabeza y cantando a mas no poder solo por el simple placer de no solo torturar a mis oídos sino también los de mi tía y los de la chica que estaba haciendo la limpieza (sin contar que quería matar suavemente y aterradoramente los oídos de mi prima postiza a ver si así se dejaba de despotricar contra la nada). Así estuve metida entre temas musicales que, quien lo escuche, me pegaría dos tiros en la cabeza de la vergüenza que le causaría.

Me senté delante de la cosa boba que atrae a todo el mundo entre sus garras pero que a mi me sirve como herramienta (y a muchos otros mas) para hacer lo que mas le gusta (y no hablo de autosatisfacción), y me dispuse a meterme dentro de esos mundos del RPG y, como era de esperarse, meada por un dinosaurio, ahí también empezó una guerra en la que, como siempre, termine mal yo. Loca y sin nadie que me abrace, ahí estaba la verdadera persona detrás de un personaje llorando sus penas reales ocultas tras motivos no tan reales ni importantes. Ahí estaba cuando él logueó, ahí le lloré la vida ante su inmutes, y yo pensando que el simplemente me estaba dejando ser, en mi peor pensamiento, una tarada. La tarada que lloraba por comentarios hirientes, la tarada que estaba ahí pidiendo que se la respete para… nada. Si todo el mundo pasaba sobre mí. ¿Qué había en mi mente en ese momento? La simple pregunta de: “donde esta el hombre que me defienda cuando lo necesito”. Y cuando vi llegar al príncipe azul de brillante armadura me encontré con un cuasi Shrek de color no tan azul (ni verde ni nada) con la armadura sin lustrar y si cara de “y entonces que” delante mío. Histeria. Ataque de Histeria. Desilusión. Bronca. Todo junto unido en un estúpido llanto, en una forma imbécil de sacar todo el dolor a flote, en un estallido sin odio por  un simple “bueno”. En ese momento llegué a la conclusión de que realmente necesito un manual para entender a los hombres o que son tan simples y tan despreocupados que merecen ser asesinados con un cuchillo de untar manteca. Si bien las ideas no era del todo desacertadas me limité a descartarlas de la forma más simple: Que se maten entre ellos solos. Pero la realidad es que nadie puede vivir sin alguien al lado, y en mi caso, los hombres son un mal necesario. Yo no podría estar sin él. A fin de cuentas, para eso fueron creados tanto el hombre como la mujer. Aunque siempre viene a mi cabeza que si no hubiera hombres, seguiría estando una mujer y quien sabe entonces que pasaría con aquellas que somos de las que los hombres forman parte de nuestra vida amorosa, sentimental y sexual. Realmente mi cerebro estaba en plan de funcionar a mil por hora durante tan poco tiempo, la pregunta que me hice mucho después de ese momento es: como hizo para no freírse con tanta información inútil corriendo por dentro a tanta velocidad en tan poco tiempo.

Me tiré en la cama, lloré, di vueltas, seguí llorando, me leí un par de capítulos del libro que había empezado. Apagué mi celular y entre la música y una atrapante historia me relajé. No voy a negar que varias veces bajé el libro para centrar mi vista en el LG que tenía enfrente, como si algo en él me rogara que escribiera algo, aunque sea una cochinada, un pensamiento, una frase. En mi mente solo tenia las ideas de .Vaso de leche. Baño. Cama. Y me sentí peor por considerarme una persona entrando más a la vejez que saliendo de la adolescencia o pre-adultez. Y simplemente sucedió. Me levanté de la cama (no antes sin marcar en dónde me había quedado con el libro), me senté en la silla y sin dudarlo con el LG a todo dar y mis manos aceleradas sobre el teclado y el Mouse me puse a escribir en ese archivo de Word que habría cada vez que tenia algo no tan brillante para decir, contar o notificar de la forma mas cruel o divertida. Miré mi taza de té (que aún seguía ahí) quieta inmóvil y sucia por demás de la cantidad de azúcar que había quedado pegoteada en el fondo, la levanté, la volví a dejar ahí arriba y me dispuse con mis peores ánimos a escribir. Otro día, una nueva rutina, algo distinto y mi traste enorme ahí en la silla acomodándose cada cinco minutos en una nueva posición para estar mas cómoda (como ya se sabe algo que hago completamente en vano pues nunca se puede conseguir comodidad en este asiento) y me dispuse a tipear a una velocidad considerable cada idea absurda que se me pasaba por la cabeza.

Sin duda miraba como siempre por la ventana (esta vez con un cuarto de la persiana levantada por lo que podía ver las hojitas, una parte del tronco, las ramitas y la casa del vecino de enfrente que tiene a estar todo el día con su trasero en la silla mirando para acá para ver que se hace o se deja de hacer porque, parece ser que no tiene vida propia salvo espiar a los vecinos) y después volvía a mi labor con el intentó de escritura en Word. La hora marcaba haber pasado las ocho de la noche, pero el atardecer seguía en el cielo, los autos seguían pasando y las luces de las calles seguían apagadas. Miré sobre el escritorio a mi derecha y me encontré con un DVD en donde, en su interior, estaba el motivo de mi tortura temprana, dudé varias veces si usarlo o no, pero me decidí y se comenzó a instalar nuevamente la tortura (de lo masoquista que soy) mientras el ruido del tipeo no cesaba y las ventanitas del Skype no dejaban de aparecer, en ese momento si era una persona solicitada, en ese momento yo, ya no podía estar sola, el ciberespacio no me lo permitía y, poco a poco, comencé con algo distinto, una idea diferente y un mundo de papel blanco por delante (real o no estaba ahí para mi) y yo lo iba a aprovechar sin nadie me impidiera nada.

Un Garabato Mental


Eran aproximadamente las cinco de la tarde cuando miré por la ventana. Estaba cerrada, y con la persiana baja hasta veinte centímetros antes de tocar el borde, por lo que algo de luz entraba. Era verano y con una temperatura de aproximadamente treinta grados estaba encerrada, sola y encerrada entre tanto calor con la computadora encendida. Tres ventanas en la barra del escritorio abiertas, solo tres, para que más. En cada una de ella un programa diferente. En cada una de ellas una idea diferente, en cada una de ellas una yo distinta. Es extraño explicarlo porque ni yo lo entiendo, es extraño traducir lo que se siente cuando la verdad yo no lo tengo claro.

Volteé mi cabeza al monitor y luego de vuelta a la ventana, apenas veía solo un par de ramitas y hojas del árbol que esta justo plantado en la vereda. Afuera algo de viento corría, estaba nublado pero la temperatura era la misma. Se escuchaba el ruido de los autos que transitan. No es fácil vivir en la esquina de dos calles por las cuales pasan muchos autos y cinco líneas de colectivo.

Me acomodé un poco mas en la silla, seguí mirando por la ventana, por ese diminuto espacio en el que todo el mundo me diría “pero si no ves nada” aún así  yo veía. Veía sin ver. Escuchaba sin realmente oír. Volví mi mirada al monitor, ese LG que tenia delante de mi y vi el titilar del Word. Esperaba que escribiera algo pero de mi mente no salía nada. Minutos atrás había estado leyendo el blog de una amiga y me quedaron millones de cosas en la cabeza. Una de las ventanitas ahí minimizadas me daba la pauta de que seguro me estaban hablando, sin titilar ni hacer nada, yo lo sabia. Quería ver que me había dicho o algo así, pero tenia ansiedad por escribir que por saber, tenia miedo de que la inspiración se me fuera por abrir otra ventana; pero la curiosidad me estaba matando, siempre fui muy curiosa y siempre me ganaba eso de mi y ese era otro de esos momentos en los cuales me había vuelto a ganar. Efectivamente, abrí esa ventana y me habían hablado, para nada importante, pero la mitad de mi inspiración se había desvanecido en satisfacer un simple capricho de mi cuerpo y mi mente.

Divagué un rato por ahí, en mi imaginación, y después me puse a mirar la habitación: fotos, un sobrero colgado, la cama sin hacer, la tele apagada, el escritorio lleno de papeles, recibos basura, vasos y demás cosas; la mesa de luz con diez libros apilados sobre ella, recuerdos, lapiceras, cuadernos, había de todo. La alfombra con dibujos en azul y rojo (estaba sucia pero seguía siendo esa alfombra), bolsas con ropa adentro, el placard cerrado pero desordenado en su interior. Estaba todo tal cual siempre estuvo mientras había estado ahí. Mentira. Lo solía tener mas ordenado otras veces. Me reacomodé en la silla, cada un par de minutos me sentía mas incomoda que antes y trataba de buscar una postura no tan complicada y placentera, pero mi cuerpo me pedía que me tirara en la cama, si eso pasaba, entonces mi escritura quedaría arruinada completamente.

17:19 era la hora que marcaba el reloj de la PC. Seguía siendo temprano y yo miraba el monitor y mis manos se movían por el teclado. Ni rastros de él en la red. Nada que me pudiese indicar que el había entrado al extraordinario mundo de Internet ni mucho menos a uno de esos programas que solía abrir para comunicarse con varias personas del mundo. Ni siquiera conmigo. Había escrito un poco mas de mi vida y lo sentía como un capitulo entero. A decir verdad antes de eso llevaba meses sin poder otorgarle a mis cuadernos, lapiceras y documentos de Word (sin contar blogs y demás) algo digno, ni siquiera una palabra, una letra, un carácter, nada. Vacía. Así había estado por meses hasta ese momento, esa noche que me encontré con una historia  nueva sin terminar y me dispuse a seguirla un poco más. Entonces parece ser que en ese momento mi bloqueo se termino y escribí algo mas. Duro poco. Duro nada. Aún así algo hizo como un click en mi y cambio todo, al día siguiente me encontraba escribiendo de vuelta. Tal vez algo sin sentido, tal vez no. Tal vez el inicio de una historia nueva, o quien sabe solo era un simple pensamiento. De ahí quizás el encierro con tanto calor, la oscuridad sin tanta luz mas que lo poco de la ventana. Volví a mirar hacia fuera, sabiendo que el paisaje no iba a cambiar que solo vería las ramitas y las hojitas del árbol, solo eso nada más. Pero bueno, parecía que estuviese buscando otra cosa, o que pensara que con tan solo dejar de mirar un par de segundos, para luego volver a mirar la magia haría su efecto y me cambiaria esos veinte centímetros de paisaje que tenia por la ventana. Otro error. Otra fantasía. Miré la hora de vuelta, solo ocho minutos habían pasado desde la primera vez que la había visto. Eso me dejaba en un buen promedio de tipeo de palabras por minuto. Intentaba sacar algo de mi cabeza pero la brillante idea no parecía tener ganas de aparecer.
Mi celular estaba tirado en la cama, modo vibrador porque siempre hay gente que molesta cuando duermo, no lo miraba, pero estaba pendiente agudizando mis oídos por si escuchaba moverse al recibir un mensaje de texto o alguna llamada, pero nada sucedía, él no entraba a la red, no llamaba, no daba señales de querer hablar conmigo a esta hora ni mucho menos. Parecía paranoica, inquieta, incluso loca, pero era ya común en mí verme de esa manera y esperar que el resto me vieran de esa manera.

Me rasqué un poco la cabeza, por cuarta o quinta vez me acomodé en la silla sin mucho éxito y seguí esperando que aquella buena idea cruzara mi cabeza mientras pensaba en el contenido de las novelas de Melisa P. y su forma de escritura y lo que había dentro del libro de una escritora argentina (cuyo nombre no recuerdo) “Quiero un novio”. Recordaba escenas que ellas contaban en sus novelas, y yo ya no me preguntaba si quería un novio, amor, un compañero o algo de eso, sino que buscaba esas escenas en mi vida, y pocas veces pasaron. No soy otra mas igual a ellas ni nada por el estilo. Pero sentía que algo que ver tenía y no sabia como expresarlo, aun ahora tampoco estoy segura de cómo hacerlo. Mientras pensaba mire la barra de herramientas y me encontré con una cuarta ventana, la del Skype, en su menú Principal, como no podía ser de otra forma, mi estado ocupado hacia que nadie me hablara. Muchas veces pensé si no estaba esperando el milagro del siglo y sentirme realmente útil. Deje de mirar esa ventanita minimizada para volver a hacer catarsis sola sin nada más que las cuatro paredes y las cosas de la habitación para que me entendieran, vieran y escucharan. Estaba realmente compenetrada con mi escritura, catarsis y demás hasta que el perro del vecino decidió ponerse a ladrar a la nada (o eso era lo que yo veía nomás de 20 centímetros de ventana y las ramitas y las hojitas) cuando mi inspiración y mi estado de trance se marcharon por completo dejándome sola ahí sentada, ahí sin un gato que este conmigo, ahí sin el que me da mimitos cuchicuchicú, ahí sin alguien que me haga aparecer una ventanita en el skype, ahí. Hundida en mis pensamientos. Sola. Ahí. Sola. Sentada. Ahí. Decidí mandar al perro a la mierda  y guardar el archivo de Word sin nombre titulo ni nada para continuarlo en algunos de esos ataques raros que me daban con la escritura. Total, ¿Cuál iba a ser el peor de los males? Y si, yo era la única tonta que podía preguntarme eso luego de una charla acerca de mentiras con dos amigos analizando dos situaciones similares pero a la vez diferentes. Solo yo tenía el don de hundirme sola en un mar de problemas y sin tener un motivo aparente como para estar involucrada en eso. En fin, decidí cerrar el archivo bajo el nombre de “anónimo” y ponerme con otra cosa, demás estaba decir que había largado mucha mierda afuera, pero productivo, nada de nada. Esa tarde entendí que necesitaba mucho más de mí y de quien sabe qué para convertirme en eso que quería ser.