jueves, 6 de enero de 2011

Ese Garabato Mental


Después de un día sin mucho que hacer, bastante sola y aburrida, esperando algo que sabía que en realidad no pasaría hasta más entrada en la noche, me resigne a seguir adelante conmigo. Lo que esperaba efectivamente paso a las nueve de la noche aproximadamente y estuvo tranquilo. De golpe la ventanita del Skype se puso naranja indicando que alguien me hablaba, no estaba sola, había alguien dentro del mundo cibernético que se había acordado de mi existencia. La abrí sin dudar mucho para encontrarme con él. Situación extraña, más que extraña. No dijimos mucho, no nos quisimos demasiado, simplemente nos limitamos a decirnos lo necesario para continuar con el resto del día (o la noche). Lamentablemente no estaba en mis planes que personas arruinaran el poco tiempo que tenia para estar satisfecha dentro de la red; siempre hay alguien que te arruina el único minuto de felicidad que parece asomar luego de varias horas, siempre se encuentran a personas dispuestas a destruir tu felicidad para conseguir la suya.

Terminé peleada con él con el resto y sola de nuevo en el mundo cibernético, sola por decisión propia, sola y con la ventanita del la PC titilando en naranja. Sola. Parece ser la palabra clave en mi vida últimamente. Sola y llena de rabia sobre la cama, tirando un libro sobre una silla, sin ganas de leer, poniendo el sleep de la tele y casi ahogándome con la almohada para dormirme rápido y despertar al día siguiente con un ánimo mejor. Definitivamente mis planes estarían arruinados desde el momento en que el celular sonó. No una sino dos veces, lo apague, y me dormí, me levanté al rato medio dormida y lo encendí, me dormí y levanté varias veces pendiente de millones de cosas distintas. Me despertó el ruido de la casa (cuando no) y enseguida tuve trabajo para hacer: sacar el árbol de navidad, ordenarlo, guardarlo (recibí dos gatitos de madera de regalo por reyes, hermosos, me encantan y están sobre la tele), todo lo que hice me despejó la mente pero me sentía enferma y eso se lo trasladé a mi cuerpo. No almorcé y me limité a un té con leche (como esas mujeres finas de la alta sociedad inglesa y que a su vez están arrugadas por la vejez). Un té. Varios significados. Té. Adultez. Té. Vejez. Té. Así se cruzó por mi cabeza todo ese matete de no se qué pero que estaba ahí mientras yo tomaba mi té sentada delante de la PC, escuchando como mi prima postiza (porque es la hija de mi fallecido tío pero no de mi tía, quien es la hermana de mi padre…. Cuanto lío), que esta medio loca, hablaba sola y le gritaba a quien sabe Dios quien sabe que cosas; yo con la música alta ( y cada vez mas en aumento) para no escucharla, para no escuchar mi cabeza y cantando a mas no poder solo por el simple placer de no solo torturar a mis oídos sino también los de mi tía y los de la chica que estaba haciendo la limpieza (sin contar que quería matar suavemente y aterradoramente los oídos de mi prima postiza a ver si así se dejaba de despotricar contra la nada). Así estuve metida entre temas musicales que, quien lo escuche, me pegaría dos tiros en la cabeza de la vergüenza que le causaría.

Me senté delante de la cosa boba que atrae a todo el mundo entre sus garras pero que a mi me sirve como herramienta (y a muchos otros mas) para hacer lo que mas le gusta (y no hablo de autosatisfacción), y me dispuse a meterme dentro de esos mundos del RPG y, como era de esperarse, meada por un dinosaurio, ahí también empezó una guerra en la que, como siempre, termine mal yo. Loca y sin nadie que me abrace, ahí estaba la verdadera persona detrás de un personaje llorando sus penas reales ocultas tras motivos no tan reales ni importantes. Ahí estaba cuando él logueó, ahí le lloré la vida ante su inmutes, y yo pensando que el simplemente me estaba dejando ser, en mi peor pensamiento, una tarada. La tarada que lloraba por comentarios hirientes, la tarada que estaba ahí pidiendo que se la respete para… nada. Si todo el mundo pasaba sobre mí. ¿Qué había en mi mente en ese momento? La simple pregunta de: “donde esta el hombre que me defienda cuando lo necesito”. Y cuando vi llegar al príncipe azul de brillante armadura me encontré con un cuasi Shrek de color no tan azul (ni verde ni nada) con la armadura sin lustrar y si cara de “y entonces que” delante mío. Histeria. Ataque de Histeria. Desilusión. Bronca. Todo junto unido en un estúpido llanto, en una forma imbécil de sacar todo el dolor a flote, en un estallido sin odio por  un simple “bueno”. En ese momento llegué a la conclusión de que realmente necesito un manual para entender a los hombres o que son tan simples y tan despreocupados que merecen ser asesinados con un cuchillo de untar manteca. Si bien las ideas no era del todo desacertadas me limité a descartarlas de la forma más simple: Que se maten entre ellos solos. Pero la realidad es que nadie puede vivir sin alguien al lado, y en mi caso, los hombres son un mal necesario. Yo no podría estar sin él. A fin de cuentas, para eso fueron creados tanto el hombre como la mujer. Aunque siempre viene a mi cabeza que si no hubiera hombres, seguiría estando una mujer y quien sabe entonces que pasaría con aquellas que somos de las que los hombres forman parte de nuestra vida amorosa, sentimental y sexual. Realmente mi cerebro estaba en plan de funcionar a mil por hora durante tan poco tiempo, la pregunta que me hice mucho después de ese momento es: como hizo para no freírse con tanta información inútil corriendo por dentro a tanta velocidad en tan poco tiempo.

Me tiré en la cama, lloré, di vueltas, seguí llorando, me leí un par de capítulos del libro que había empezado. Apagué mi celular y entre la música y una atrapante historia me relajé. No voy a negar que varias veces bajé el libro para centrar mi vista en el LG que tenía enfrente, como si algo en él me rogara que escribiera algo, aunque sea una cochinada, un pensamiento, una frase. En mi mente solo tenia las ideas de .Vaso de leche. Baño. Cama. Y me sentí peor por considerarme una persona entrando más a la vejez que saliendo de la adolescencia o pre-adultez. Y simplemente sucedió. Me levanté de la cama (no antes sin marcar en dónde me había quedado con el libro), me senté en la silla y sin dudarlo con el LG a todo dar y mis manos aceleradas sobre el teclado y el Mouse me puse a escribir en ese archivo de Word que habría cada vez que tenia algo no tan brillante para decir, contar o notificar de la forma mas cruel o divertida. Miré mi taza de té (que aún seguía ahí) quieta inmóvil y sucia por demás de la cantidad de azúcar que había quedado pegoteada en el fondo, la levanté, la volví a dejar ahí arriba y me dispuse con mis peores ánimos a escribir. Otro día, una nueva rutina, algo distinto y mi traste enorme ahí en la silla acomodándose cada cinco minutos en una nueva posición para estar mas cómoda (como ya se sabe algo que hago completamente en vano pues nunca se puede conseguir comodidad en este asiento) y me dispuse a tipear a una velocidad considerable cada idea absurda que se me pasaba por la cabeza.

Sin duda miraba como siempre por la ventana (esta vez con un cuarto de la persiana levantada por lo que podía ver las hojitas, una parte del tronco, las ramitas y la casa del vecino de enfrente que tiene a estar todo el día con su trasero en la silla mirando para acá para ver que se hace o se deja de hacer porque, parece ser que no tiene vida propia salvo espiar a los vecinos) y después volvía a mi labor con el intentó de escritura en Word. La hora marcaba haber pasado las ocho de la noche, pero el atardecer seguía en el cielo, los autos seguían pasando y las luces de las calles seguían apagadas. Miré sobre el escritorio a mi derecha y me encontré con un DVD en donde, en su interior, estaba el motivo de mi tortura temprana, dudé varias veces si usarlo o no, pero me decidí y se comenzó a instalar nuevamente la tortura (de lo masoquista que soy) mientras el ruido del tipeo no cesaba y las ventanitas del Skype no dejaban de aparecer, en ese momento si era una persona solicitada, en ese momento yo, ya no podía estar sola, el ciberespacio no me lo permitía y, poco a poco, comencé con algo distinto, una idea diferente y un mundo de papel blanco por delante (real o no estaba ahí para mi) y yo lo iba a aprovechar sin nadie me impidiera nada.

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